Aquí tenéis una sencilla receta propuesta por Nuria Arranz, nuestra tecnóloga de alimentos, ideal para incorporar las espinacas en una propuesta deliciosa, energética por el arroz y completa pues también aporta proteínas gracias al pollo.
Ingredientes para 2 personas:
120g de arroz (normal o largo)
200g de espinacas frescas
2 pechugas de pollo
1 cebolla pequeña
1/2 lata pimiento morrón (opcional)
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Elaboración:
Hervir las espinacas y reservar. Hervir el arroz para que quede al dente y reservar.
Saltear en una sartén con aceite la cebolla en trocitos pequeños y añadir enseguida los taquitos de pollo. Saltear hasta que el pollo esté bien hecho y dorado. Después añadir el arroz y las espinacas (con el pimiento morrón al gusto), añadir una pizca de sal, saltear junto durante un momento.
Servir y disfrutar!
Se trata de un plato único para cualquier día de la semana, saludable para todos y también ideal para deportistas pues contiene hidratos de carbono, proteínas, y la fibra y otros micronutrientes de las espinacas.
Saludos!
domingo, 28 de febrero de 2016
lunes, 22 de febrero de 2016
CONSECUENCIAS DEL ESTRÉS: CUIDA TU SALUD
No es
la primera vez que hablamos sobre este tema. El estrés está muy
relacionado con nuestra salud, nuestro bienestar y también con
nuestra alimentación. Seguro que has notado que cuando estás
estresado tienes apetencia por determinados alimentos, generalmente
los dulces, o simplemente tienes más apetito. Y es que el estrés
afecta en muchísimos niveles a las funciones de nuestro organismo.
En el blog de XTRESIA
hemos encontrado contenido muy interesante sobre este tema que aquí
retomamos!
A menudo se habla
de las causas y síntomas del estrés, pues es importante
identificarlo y saber cómo evitarlo, pero se habla menos sobre
cuáles pueden ser las consecuencias a largo plazo en nuestra salud
tanto física como mental. Y es que el estrés crónico es algo que
requiere ser tomado muy en serio.
Cuando alguien se
encuentra en una situación que le produce estrés, se genera una
respuesta en el hipotálamo que inicia el sistema de alarma en el
cuerpo, a través del sistema nervioso y hormonas como la adrenalina
y el cortisol. La adrenalina provoca el aumento del ritmo cardíaco y
de la presión arterial y el cortisol favorece la producción de
glucosa en la sangre, altera las respuestas del sistema inmunitario,
digestivo, reproductor y los procesos de crecimiento. Todo esto para
favorecer al organismo una conducta de huída, ante peligros como la
presencia de un animal peligroso, una tormenta inminente que nos coge
desprevenidos, el posible ataque violento de otra persona, etc. Es un
mecanismo de defensa ante posibles peligros que a día de hoy no
tiene mucho sentido.
En nuestro
contexto nos encontramos ante otras situaciones para las que el
cuerpo genera esa respuesta que no aporta una solución real. De nada
sirve salir literalmente corriendo ante un estrés por exámenes, por
exceso de trabajo, por una discusión de pareja o por llegar tarde a una cita importante. Todo esto nos puede generar estrés puntual pero si estas circunstancias se repiten a menudo, con el tiempo pueden producirse alteraciones a nivel en el sistema nervioso, en el
metabolismo, en el sistema inmunitario e incluso en nuestra
microbiota (flora intestinal).
Así, las principales consecuencias del estrés pueden llegar a ser:
- Obesidad y sobrepeso: el estrés lleva a comer con ansiedad, más deprisa y además alimentos más energéticos, con lo que al final se toman más calorías. Además el cortisol generado por el estrés favorece la acumulación de grasas en el cuerpo.
- Pérdida del cabello: es una de las consecuencias del estrés más frecuentes, ya que se presenta por el debilitamiento de los folículos pilosos .
- Depresión: muchas personas que se encuentran en situaciones de estrés repetidas y duraderas, pueden acabar con este problema que sin duda afecta a muchos ámbitos de la vida.
- Reducción del deseo sexual: al aumentar la producción de cortisol, baja la generación de las hormonas que alimentan la libido.
- Menstruación irregular: el estrés crónico tiene efectos negativos en equilibrio hormonal del cuerpo provocando retraso, periodos más cortos e incluso durante un tiempo ausencia de menstruación.
- Acné: los altos niveles de cortisol que se generan por el estrés aumentan la producción de aceites o grasas corporales, lo que contribuye a la aparición de granos.
- Afecciones digestivas: el estrés afecta el sistema digestivo, cuyo funcionamiento se vuelve irregular y además puede llevar al desarrollo de úlceras, digestiones pesadas, sensación de hinchazón, e incluso alteraciones intestinales.
- Insomnio: muchas personas padecen de falta de sueño y descanso como consecuencia del estrés ya que la alteración del sistema nervioso genera un estado de irritabilidad y nos lleva a una situación de hiperalerta que impide que nos relajemos. Y para colmo, dormir mal genera más estrés.
- Disminución de fertilidad: algunas investigaciones revelan que las mujeres con altos niveles de estrés tienen un menor porcentaje de probabilidades de quedarse embarazadas.
- Enfermedades cardíacas: las alteraciones del ritmo cardíaco y de la presión arterial debidas a situaciones de estrés, equivale en porcentaje a fumar cinco cigarrillos por día, ya que la tensión aumenta el nivel de hormonas en la sangre.
Es importante que identifiques los factores que en tu día a día
pueden estar provocando estrés y que te cuides siempre. Es básico
una alimentación sana y equilibrada, una buena pauta de descanso
nocturno, tiempo para la relajación y la desconexión, e incluso, en
ocasiones, algún producto
natural que te pueda ayudar.
lunes, 1 de febrero de 2016
¿POR QUÉ NOS ATRAEN LOS ALIMENTOS MÁS CALÓRICOS?
Imaginemos que no
supiéramos si mañana vamos a poder comer algo...
Está claro que en este contexto si tuviéramos la oportunidad de comer hoy, escogeríamos tomar lo más calórico posible o la mayor cantidad de alimentos. Imaginemos que mañana probablemente no tengamos apenas nada para comer y que hoy nos ofrecen una lechuga o un trozo de chocolate... Obviamente iremos a por el trozo de chocolate o a por ambas cosas si pudiéramos. Aunque esto parece absurdo, en realidad, así hemos vivido en la historia de la humanidad más años de los que nos pensamos y este es uno de los motivos por los cuáles nuestro instinto nos mueve hacia lo calórico. Es una cuestión de supervivencia. Y a pesar de ser una explicación que simplifica mucho cómo funciona nuestro organismo y la regulación del metabolismo, nos sirve para entender el papel de la educación nutricional a día de hoy. El contexto, en los países desarrollados, no es la escasez de alimentos, por tanto mañana no nos faltará comida y lo que necesitamos es aprender a comer lo necesario para no enfermar por deficiencias pero tampoco por excesos. La buena noticia es que siempre estamos a tiempo para aprender mientras disfrutamos de la comida.
Está claro que en este contexto si tuviéramos la oportunidad de comer hoy, escogeríamos tomar lo más calórico posible o la mayor cantidad de alimentos. Imaginemos que mañana probablemente no tengamos apenas nada para comer y que hoy nos ofrecen una lechuga o un trozo de chocolate... Obviamente iremos a por el trozo de chocolate o a por ambas cosas si pudiéramos. Aunque esto parece absurdo, en realidad, así hemos vivido en la historia de la humanidad más años de los que nos pensamos y este es uno de los motivos por los cuáles nuestro instinto nos mueve hacia lo calórico. Es una cuestión de supervivencia. Y a pesar de ser una explicación que simplifica mucho cómo funciona nuestro organismo y la regulación del metabolismo, nos sirve para entender el papel de la educación nutricional a día de hoy. El contexto, en los países desarrollados, no es la escasez de alimentos, por tanto mañana no nos faltará comida y lo que necesitamos es aprender a comer lo necesario para no enfermar por deficiencias pero tampoco por excesos. La buena noticia es que siempre estamos a tiempo para aprender mientras disfrutamos de la comida.
Algunos datos curiosos...
En nuestro cerebro se controlan las funciones del gusto y del olfato,
que son las más directamente relacionadas con la toma de alimentos.
El gusto es un sentido que, al igual que en el resto de animales, nos
sirve para detectar sustancias químicas peligrosas para nuestra
salud. Lo que ocurre es que ya hace muchos años que el ser humano
dejó de utilizar esta función por consumir alimentos conocidos y
preparados por él mismo. Además de esto, en las primeras etapas de
la vida, el sabor dulce es el que se reconoce como seguro, pues es el
primero aprendido durante la lactancia materna. Posteriormente cuando
somos niños vamos aprendiendo a aceptar otros sabores. No son en
vano entonces las caras divertidas de los bebés cuando prueban por
primera vez la fruta, con su acidez, o la verdura, con su toque
insípido comparada con la leche. Por suerte nuestro cerebro aprende
a aceptar los alimentos con diferentes sabores, y ese proceso de
aprendizaje nos suele resultar placentero, con lo que disfrutamos
probando una nueva receta, un nuevo restaurante o una nueva cultura.
Cocinamos y elaboramos los alimentos para deleitar al gusto, por
tanto este sentido y su relación con lo psicológico y con lo
emocional es muy importante. El placer es muy importante. La
comida siempre debería tener una connotación positiva.
Y si te sigues
preguntando, ¿por qué me gusta lo que no me conviene? Recuerda
estas dos explicaciones básicas. La primera es que la tendencia
natural de nuestro organismo es tener cierta afinidad por los
alimentos más calóricos, dulces y ricos en grasas, y como además
la mayoría funcionamos con los “genes ahorradores”, éstos hacen
que el cuerpo guarde reservas para las épocas de escasez. La
cuestión es que en nuestro contexto actual, en países
desarrollados, estas afinidades por lo calórico y este mecanismo
ahorrador no nos sirve de mucho y nos hace engordar. La segunda
explicación es que probablemente no hemos educado lo suficiente a
nuestro paladar, y no le hemos acostumbrado a disfrutar de lo que es
saludable de verdad. ¿Te parece extraño? No lo es.
Tengamos en cuenta que
nuestra forma de alimentarnos está condicionada por varios factores,
los principales son:
- lo que nos han enseñado
- los hábitos adquiridos
- los gustos personales
- los condicionantes externos de nuestro alrededor
Sobre lo que nos han
enseñado siempre se puede trabajar mediante la educación
nutricional en mejoras si hay ideas o hábitos equivocadas. Sobre los
gustos personales, que se construyen principalmente en la infancia y
la adolescencia, también podemos incidir pues podemos educar a
nuestro paladar durante toda la vida, solo hay que darle
oportunidades para probar. El contexto que nos rodea condiciona y a
veces dificulta las opciones de elección, las raciones o el tipo de
alimentos que se nos ofrecen. Por ejemplo en algunos contextos
lúdicos, “¿quien va a comprar una ración pequeña de palomitas
si la mediana o la grande vale lo mismo?” Es que si escoges la
pequeña, hasta la dependienta te mira raro! Pero salvo estos
extremos, si tenemos la información suficiente, siempre podremos
escoger con criterio de salud sobre lo que nos ofrece nuestro
entorno. El cambio siempre es posible y la clave está en la
información y en la motivación de cada uno de nosotros.
Cuando una persona cambia sus hábitos alimentarios y los hace más sanos, difícilmente vuelve hacia atrás porque se encuentra mejor.
Cuando una persona cambia sus hábitos alimentarios y los hace más sanos, difícilmente vuelve hacia atrás porque se encuentra mejor.
La información y el
conocimiento son las mejores herramientas para que el contexto no sea
una limitación para comer bien. A partir de ahí podremos realizar
elecciones saludables, decidir qué voy a tomar y qué no, y decidir
también cuánta cantidad es la que quiero. El cuerpo es muy sabio y
la mente muy poderosa. Debemos escuchar a nuestro organismo, si tiene
hambre o ansiedad, si ya está lleno después de una comida o si ya
está saciado, todo son matices, pero las pequeñas diferencias en la
alimentación del día a día, llevan al gran cambio. Esto es
aplicable también a esos momentos en los que nos ponemos a dieta
para perder unos kilos. Si restringimos mucho las calorías que vamos
a tomar, nuestro organismo notará una gran diferencia que no
entenderá como nosotros, y reclamará comer más, provocando más
sensación de hambre y encima más almacenamiento de reservas “por
si acaso”. Nuestra mente también tiene un gran poder en esta
situación, si nos privamos de algo en gran medida, no haremos otra
cosa que desearlo. Por eso, lo que funciona son los pequeños
cambios y la constancia.
Todo es tan complicado o
tan fácil como lo queramos enfocar. En Gana Nutrición nos
decantamos por la opción fácil. El truco para caminar hacia una
alimentación saludable está en hacer pequeños cambios y sobre todo
en comer muy variado y disfrutar. Si hay placer aprenderemos
rápido a comer bien ;)
Dra. Laura I. Arranz
@GanaNutricion
info@gananutricion.es
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