viernes, 20 de febrero de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
LO CHIC DEL "SIN GLUTEN"
No sólo las prendas
generan tendencias y marcan nuevas modas, sino también las prácticas
“que molan” en la alimentación; la mayoría de ellas a día de
hoy bajo el calificativo de “healthy” sin fundamento
científico alguno. Y es que por lo visto, a la sociedad le encanta
tener villanos en sus historias, y los alimentos no son la excepción
de este drama… incluso algunos nutrientes o componentes
alimentarios también juegan este rol. Este es el claro ejemplo del
gluten, una proteína que ha ganado una mala fama en ciertos grupos
de la población porque a alguien se le ocurrió la ingeniosa idea de
este villano mientras tramaba su historia.
Es
cierto que existe un grupo en la población que presenta una
sensibilidad a este componente que se encuentra especialmente en el
trigo (y sus especies), el centeno y la cebada; la avena en cambio no
es un cereal que contenga gluten, pero puede verse “contaminado”
con estos otros cereales en el proceso de recolección, transporte o
producción. Por ello, estas personas se ven beneficiadas ante la
seguridad de que un alimento declare que está exento de gluten, o
que al menos presente valores reducidos.
Por eso, la transmisión
de este tipo de información es importante para aquellas personas,
que por un tema meramente de salud (y diagnosticado clínicamente),
tengan que restringir su dieta por una alergia como la del trigo, o
por la enfermedad celíaca, conocida comúnmente como “intolerancia
al gluten” (pese a que esta acepción no es del todo correcta al
ser más bien una alergia). Sin embargo, por las pasarelas de la
alimentación circula la corriente de que una dieta sin gluten es más
saludable para la población en general, alegando que este descarado
villano (el gluten)
es culpable de muchos problemas y síntomas, que son precisamente los
que se manifiestan en la enfermedad celíaca, por ejemplo, pero no en
la población sana.
Pero, ¿sabían los espectadores que ese villano puede convertirse en un producto que consumen de manera habitual los vegetarianos? El gluten (en la foto superior) puede transformarse en seitán (figura inferior), un producto que se obtiene después de horas de lavado de la harina de trigo y que se considera la “carne de los vegetarianos” (y por lo visto, a ellos no les ha sentado tan mal en su salud).
A pesar de que el gluten no es ningún criminal para la población sana, muchas personas han optado por una dieta libre de gluten como un estilo de vida (sin tener la necesidad de hacerlo), lo cual es respetable teniendo en cuenta que cada uno está en su derecho de regir su alimentación según sus convicciones (y siempre y cuando se lo pueda permitir económicamente… porque comer productos sin gluten muy barato no es). Lo que no se puede permitir es que se reclame que supone un beneficio para la salud de aquellos que no presentan dichas patologías relacionadas cuando NO hay evidencia de ello.
Para que resulte más gráfico que los productos procesados sin gluten no son necesariamente más saludables que otros normales (o convencionales), en la siguiente tabla se recogen datos de la información nutricional de productos muy fáciles de encontrar en el supermercado.
Tabla 1. Comparación composición nutricional de productos sin gluten y convencionales de la misma categoría (valores expresados por 100g de producto)
Producto Alimenticio
|
Energía (Kcal)
|
Azúcares (g)
|
Grasas Saturadas (g)
|
Sal (g)
|
Galleta María s/gluten
|
444
|
29,3
|
1,3
|
0,30
|
Galleta María Convencional
|
464
|
19,3
|
5,8
|
0,95
|
Galleta Rellena s/gluten
|
499
|
31
|
15
|
1,00
|
Galleta Rellena Convencional
|
480
|
38
|
9,8
|
0,90
|
Bizcocho con chocolate s/gluten
|
440
|
35
|
13
|
0,33
|
Bizcocho con chocolate Convencional
|
373
|
39
|
8,7
|
0,9
|
Si bien es cierto que los
productos han sido cogidos aleatoriamente, es fácil ver cómo los
productos sin gluten pueden aportar cantidades considerables de
ciertos nutrientes (como los azúcares, las grasas saturadas y la
sal) que están relacionados con ciertas enfermedades crónicas
(diabetes, obesidad, etc.) al igual que productos convencionales del
mercado, con lo cual, si no sabemos leer y comparar las etiquetas de
los productos, es difícil que sepamos afirmar cuál es mejor que
cuál (grosso modo).
No es de extrañar que si
eliminamos un componente de un alimento, como en este caso la
proteína (y que aporta propiedades al alimento, como la unificación
de la masa), se tenga que sustituir por otros (ej., grasas) que hagan
que el producto final se parezca a un producto normal. Debido a esto
mismo, los consumidores que son sensibles al gluten piden
alternativas más saludables de sus productos y que presenten un
aspecto similar al de productos normales (muchas veces los productos
sin gluten utilizan harina de maíz que es menos panificable y se
obtienen tamaños y texturas diferentes), con lo cual también
resulta considerable tener en cuenta las necesidades de estos
consumidores.
Por su parte, las
entidades legislativas han considerado necesario, en base al
reglamento nº 1169/2011 sobre etiquetado obligatorio (y en lo que
concierne a la información del contenido de alérgenos en los
productos alimenticios), que se transmita de manera correcta la
información en los productos que están destinados a personas
celíacas, según también se
dicta en el nuevo reglamento nº 828/2014, para así, de alguna
manera, controlar los mensajes o declaraciones que pueden acompañar
a estos productos y el contenido en gluten permitido (y así evitar
inducir a error al consumidor). Puede que las tendencias de estos
escaparates tengan su beneficio en el hecho de que aumente la
preocupación de los establecimientos colectivos por ampliar la carta
de productos incluyendo los sin gluten, y esto conduzca a que las
personas afectadas por la enfermedad puedan disponer de una mayor
oferta gastronómica fuera del hogar y de manera in-directa se vean
favorecidas. Todo esto
son pasos positivos para las personas que son celíacas, que por
supuesto no pueden tomar gluten, pero que también deben comer sano.
Para todos, trabajaremos la educación nutricional para evitar
malentendidos y facilitar la información necesaria para elegir con
sentido común y buen criterio cómo debe ser nuestra dieta y quienes
son en realidad los “villanos”.
Jonathan Hernández
Dietista-nutricionista
Jonathan Hernández
Dietista-nutricionista
lunes, 19 de enero de 2015
EJERCICIO FÍSICO Y ALIMENTACIÓN: LO QUE DEBERÍAS SABER ANTES DE EMPEZAR A PRACTICARLO
Cada vez son más las
personas que practican deporte o que se deciden
a emprender o empezar una rutina de ejercicio físico. Los motivos
que llevan a ello suelen ser de carácter estético o de cara a
mejorar su salud, aunque la situación actual hace que el deporte
también se esté utilizando como vía de escapatoria ante el estrés
laboral y personal. Así, y sin apenas percatarnos, han ido surgiendo
diferentes modalidades, competiciones o pruebas deportivas que nos
permiten desarrollar nuestro lado más competitivo y de superación.
Conviene, pues, que tanto las personas noveles en este mundo como
aquellas con algo más de experiencia conozcan y sepan los aspectos
básicos nutricionales (muchas veces la parte más olvidada) que
permitan ganar nutrición, disfrutar y competir con la máxima seguridad.
La alimentación del
deportista no se debe diferenciar excesivamente de la del resto de la
población. El deportista debe seguir una dieta equilibrada, variando
únicamente la cantidad de energía, hidratos de carbono y agua en
comparación con aquellas personas sedentarias. La base de esta
alimentación deben ser los alimentos de origen vegetal (cereales y
farináceos preferiblemente integrales, legumbres, frutas enteras y
verduras), que deben estar más presentes que aquellos de origen
animal (carne, pescado, lácteos, huevos). El consumo de carnes rojas
y de alimentos superfluos (bollería, dulces, comidas procesadas) ha
de ser moderado y la ingesta de bebidas alcohólicas escasa o nula.
Partiendo de esta base,
la pauta nutricional deberá ser adaptada dependiendo del objetivo
del deportista (ganancia de masa muscular, pérdida de peso, pérdida
de masa magra…), pero siempre teniendo presente el contexto de una
dieta saludable.
¿Qué nutrientes debo
tener en cuenta en mi alimentación?
Para cumplir con los los
requerimientos nutricionales que precisa el deportista, la ingesta
calórica se verá aumentada en comparación con la población
sedentaria. Siguiendo una pauta equilibrada donde estén presenten la
mayoría de los alimentos, los requerimientos de macro y
micronutrientes estarán cubiertos. Los hidratos de carbono
han de proporcionar la mayor parte de la energía diaria en la dieta
del deportista (60 – 70%). Los encontramos sobretodo en alimentos
de origen vegetal (cereales, frutas, hortalizas, legumbres, frutos
secos…) y en algunos de origen animal (como los lácteos). El tipo
de hidrato de carbono, complejo (llamados polisacáridos) o simple
(monosacáridos o azúcares), dependerá del momento de la ingesta,
como explicaremos más adelante. En cuanto a la fibra alimentaria,
esta debe estar presente en la dieta del deportista (priorizando los
cereales integrales, por ejemplo) aunque se debe limitar en las horas
o días previos al entrenamiento o competición. Las grasas (también
llamadas lípidos) han de formar parte de la dieta del deportista,
siendo el aceite de oliva virgen la grasa por excelencia. Hemos de
evitar alimentos con grasas muy saturadas (como las carnes rojas,
lácteos enteros o alimentos superfluos) y consumir alimentos con
perfiles lipídicos más insaturados (pescado azul o frutos secos sin
sal). Por lo que respecta a las proteínas y como comentaremos más
adelante, no debemos ingerir más de lo que la dieta nos aporta,
priorizando las de alto valor biológico y haciendo un buen
repartimiento de ésta a lo largo del día. Las recomendaciones de
vitaminas y minerales pueden ser cubiertas con una dieta equilibrada.
Aún así, cabe prestar especial atención a la vitamina D (los
últimos estudios manifiestan un déficit de ésta en la población
española); y a la vitamina B12 (o cobalamina), en caso de no
consumir productos de origen animal. Si nos fijamos en los minerales,
se debería tener en cuenta sobretodo el hierro (sobre todo en
mujeres en edad fértil o veganos).
¿Qué es el timing
y por qué es tan importante?
El timing hace
referencia al momento o precisión justos en qué se debe hacer algo.
En el ámbito de la nutrición deportiva, el timing en que se
dan los alimentos es igual de importante qué el alimento dado. Así
pues, existen tres momentos claves dónde la ingesta de nutrientes
concretos debe ser precisa y minuciosa: el pre – ejercicio, dónde
la ingesta debe ser fácilmente digerible de cara a evitar problemas
digestivos en la práctica posterior; el “durante”, donde se
deberán administrar cantidades determinadas de nutrientes muy
concretos en unos tiempos muy precisos; y el post – ejercicio, el
momento idóneo por excelencia para reponer aquellos nutrientes
perdidos durante la práctica deportiva y favorecer la recuperación
muscular.
Los azúcares, ¿deben
estar presentes en mi dieta de deportista?
Sí, pero con matices.
Los azúcares (o monosacáridos) son los carbohidratos más sencillos
y la forma en que nuestro organismo absorbe este tipo de nutrientes.
Cuando estas piezas se unen forman los carbohidratos complejos (o
polisacáridos) que encontramos, por ejemplo, en el pan, la pasta o
el arroz. Los azúcares que con más frecuencia encontraremos en la
dieta son la glucosa y la fructosa. La glucosa se encuentra de forma
natural en frutas y miel o como resultado de la degradación de los
polisacáridos. Por otro lado, la fructosa es el azúcar de la fruta.
Los azúcares (en forma de glucosa o fructosa libre) deben ser
consumidos en un timing muy preciso: durante el ejercicio y en
el post – ejercicio (sólo justo antes del ejercicio si se está
habituado a ello). Su rápida absorción (sobre todo la glucosa) nos
permitirá disponer de energía de una forma rápida durante el
esfuerzo y una óptima y rápida recuperación en el post ejercicio.
Algunos suplementos incorporan estas sustancias, como las bebidas
isotónicas o los geles. Aun así, se recomienda contactar con un
profesional que asesore sobre la cantidad exacta de ingesta, pues un
exceso puede convertirse en grasa corporal.
¿Necesitamos consumir
proteína más allá de la procedente de la dieta?
No es necesario. Aún
sabiendo que el deportista necesita mayores cantidades de proteína
que le permitan, entre otras cosas, favorecer la reparación y el
crecimiento muscular, la dieta diaria cumple con los requerimientos
proteicos. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que esta proteína
esté repartida equitativamente a lo largo del día, es decir,
valorar el timing de nuevo. Se ha visto que determinados
aminoácidos (unidades de las que están formadas las proteínas)
tienen funciones concretas en la recuperación muscular, con lo que
su ingesta en el post ejercicio sería muy recomendable. Algunos
suplementos (y he aquí el matiz) incorporan estos aminoácidos
concretos en su composición, facilitando unas cantidades difíciles
de conseguir con la alimentación.
¿Debe beber más un
deportista que una persona sedentaria?
Sí, pues la pérdida de
líquido es mayor durante la práctica deportiva (sudamos agua y
electrolitos para regular la temperatura corporal) y una
deshidratación puede afectar al rendimiento deportivo y, en casos
más acentuados, la salud. La pérdida de líquido depende de muchos
factores (peso, edad, grado de entrenamiento…), por lo que la pauta
de hidratación debería ser individualizada para cada deportista.
Sin embargo, y como recomendaciones generales, se recomienda beber
antes de tener sed (pues la sed ya es una señal de deshidratación).
En el caso de los deportistas, las bebidas isotónicas pueden ser una
muy buena opción ya que, además de hidratarnos, nos proporcionan
energía y electrolitos (sodio, potasio, calcio…).
¿Necesito tomar todos
esos suplementos que veo anunciados en los gimnasios?
Ni mucho menos. Hoy en
día no hay suficientes estudios que demuestren la efectividad de
muchos de los suplementos o complementos alimenticios que la
industria del marketing nos quiere vender. Por otro lado, y
como ya hemos comentado, una alimentación variada y equilibrada
cumplirá con todos nuestros requerimientos nutricionales, tanto
energéticos, como de los diferentes nutrientes. Además, no todos
los productos que se venden están lo suficientemente legalizados o
contienen la etiqueta de calidad que los libera de cualquier riesgo o
perjuicio para la salud. Antes de consumir alguno de estos productos,
consulta a un profesional al respecto.
¿Mi objetivo es
perder peso, qué tipo de ejercicio debo hacer?
Hace años se pensaba que
el ejercicio aeróbico (correr, ir en bicicleta, caminar, nadar…) a
bajas intensidades era el más adecuado para perder peso. Hoy en día
se sabe que la combinación de cargas de trabajo anaeróbicas durante
el transcurso de estos ejercicios mencionados, por ejemplo,
realizando cambios de ritmo, pueden estimular hormonas encargadas de
la liberación de ácidos grasos procedentes del tejido graso. Sin
embargo, en personas obesas sería más recomendable empezar con
deportes como la natación o la bicicleta (de poco impacto con la
superficie) e ir progresando con el tiempo. Por otro lado, los
ejercicios de fuerza (realizando levantamiento de pesas, por ejemplo)
no estarían contraindicados (con la excepción de algunos tipos de
ejercicio en personas hipertensas), pues el aumento de la masa
muscular produce un aumento en el gasto calórico basal (en reposo),
ayudando a tener un mayor control sobre el peso corporal.
Tengo entrenamiento por la mañana,
¿qué debo desayunar?
La consigna básica es no
modificar demasiado aquello a lo que estoy acostumbrado. El día de
entrenamiento (o día de la competición, para darle más énfasis)
no hemos de hacer nada distinto a lo que hayamos entrenado. Y esto
tiene que ser el pilar de nuestra nutrición deportiva en todos los
aspectos (no correr con ropa a estrenar, no probar alimentos nuevos
el día de la competición, etc.).
Algunos consejos para
esta ingesta previa estarían enfocados a evitar malas experiencias
(flatulencias, pesadez, náuseas, diarreas, bajada de rendimiento…)
que puedan arruinar nuestro día. Siguiendo este objetivo y,
adaptándolo al desayuno habitual, es recomendable que éste se
componga de alimentos que sean de fácil digestión, evitando
aquellos más pesados, grasientos (mantequillas, quesos o embutidos
grasos…) o con mucha fibra. Se recomienda que este desayuno se
haga, al menos, dos horas antes del comienzo del ejercicio físico.
¿Y
si salgo en ayunas?...
No es recomendable en
deportistas amateurs o poco entrenados. En caso de practicarlo, la
actividad física se debe hacer a intensidades muy bajas y durante
poco tiempo, con el fin de evitar una excesiva pérdida muscular o
una hipoglucemia (bajada de azúcar en sangre). Por otro lado, si
realizamos el ayuno como mecanismo de pérdida de masa grasa, hemos
de tener en cuenta que hay estudios que demuestran que las personas
que salían a practicar deporte en ayunas ingerían mayores
cantidades de energía en la comida posterior en comparación a
aquellos que habían desayunado.
Hacerlo bien no es tan fácil como pensamos, si quieres obtener máximo rendimiento o conseguir tus objetivos de peso o salud, siempre tienes a tu disposición profesionales que te pueden orientar.
Hacerlo bien no es tan fácil como pensamos, si quieres obtener máximo rendimiento o conseguir tus objetivos de peso o salud, siempre tienes a tu disposición profesionales que te pueden orientar.
Jordi
Costa
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